Jin nació en 1797, durante el último shogunato. Jamás conoció a sus padres y, en cuanto pudo, escapó del orfanato donde vivía para convertirse en samurái. La determinación y la técnica que demostraba a tan corta edad sorprendió a sus maestros, lo que pronto la llevó a cursar sus estudios en la mejor escuela de Japón


La determinación y la técnica que

demostraba a tan corta edad sorprendió a sus maestros


Desde siempre supo que estaba destinada al arte del kenjutsu, el dominio de las espadas, por lo que invirtió todos sus esfuerzos en conseguir una de las mejores catanas de la faz de la tierra, forjada en el siglo VIII y conocida mundialmente por el nombre de Chikara. Cómo se hizo con ella sigue siendo un misterio hoy día, pero lo que sí es seguro es que su vida cambió para siempre a partir de ese momento.



Fueron muchos los enemigos que Jin derrotó con Chikara. La mayoría de los que sobrevivían aceptaban su fracaso y asumían que Jin era una de las mejores guerreras del mundo, no ya solo por su técnica, sino por el respeto y humildad que demostraba en cada enfrentamiento. Sin embargo, uno de sus rivales estaba convencido de que el poder de Jin residía únicamente en su catana.


Este rival era un maestro del engaño. Se decía que tenía el poder de transformar la realidad y jugar con el tiempo. Si luchó alguna vez con Jin, se desconoce, o fue tan listo como para volver al pasado y eliminar esa línea temporal. Aunque fuese gracias a su juego sucio, es el único Smasher que ha conseguido engañar a nuestra guerrera samurái, robándole a Chikara creando una ilusión óptica y saltando a través del tiempo.


Su rival era un maestro del engaño capaz

de transformar la realidad y jugar con el tiempo


La furia que desencadenó Jin fue algo inigualable: hubiese preferido experimentar mil veces el sabor de la derrota a haber sido engañada de esta manera tan insolente. Solo le quedaba una opción y decidió seguirla hasta las últimas consecuencias.